María Tenoury Díaz
Ganadora del IV Micromecenazgo de Afogra
¿Dónde se fijan los recuerdos más lejanos?
Siempre me ha interesado conocer lugares a través de aquello que a simple vista resulta difícil de ver; como la vecina que le echa de comer a los gatos de su calle todas la mañanas, el hortelano que avanza poco a poco en la reforma de su casa al pie del río o la simetría con la que coloca las mesas la dueña de la posada. Esto, unido a mi fascinación por la memoria y las imágenes de nuestros recuerdos, es lo que conforma el siguiente proyecto.
Retrato Cuenca no como una ciudad que se mira, sino que se recuerda. Su piedra está cargada de tanta memoria que aún se percibe el eco de lo que ya se fue pero sigue estando, y abordo su profundidad desde dos perspectivas; la mía, que pertenece a las fotografías de interiores, y la de sus habitantes, a los que les corresponden las fotografías de exterior.
Exteriores:
Incansable Peregrino. El título de esta obra está sacado directamente del poema de Mariano Roldán El recuerdo. Y es un esfuerzo por traducir a imagen cómo podría ser pasear desde el recuerdo por los alrededores de Cuenca. Mostrar aquello que se percibe en las palabras de quienes te hablan de ella, imaginar las vidas que se han desarrollado allí, borrar, transformar y finalmente olvidar algo para recordar luego lo más importante.
El encanto de lo soñado. Aquí, la piedra de la Ciudad Encantada se desprende de su peso geológico a través de movimientos fluidos y desenfoques que rozan lo irreal, revelando paisajes que parecen pertenecer más al mundo de las ideas que al de la geografía. La naturaleza se manifiesta como un escenario onírico donde lo cotidiano se entrelaza con lo fantástico; son fragmentos de una realidad tan evocadora que la mente, en su afán por recordar, termina por inventar. No retrato un lugar, sino la sensación de haber soñado con él antes de haberlo pisado.
Cierta y soñada en cielo y río. “Toda imagen grande tiene un fondo onírico insondable y sobre ese fondo el pasado personal pone sus colores peculiares” (Bachelard, 1998, p.64). Esta pieza es la primera conclusión de la parte de exteriores, de aquí emanan en forma de imagen una serie de memorias, sensaciones y experiencias que personas vecinas del casco antiguo de Cuenca han querido compartir conmigo. El resultado es un recuerdo hecho a partir de varios recuerdos, imágenes que desde entonces flotan también en mi memoria.
Interiores:
La eternidad no es mía. Para esta serie me adentro en mi memoria a través de la casa de otro, de la residencia artística que habité durante 8 meses en Cuenca. Y busco esos lugares a los que una va para crear, esos refugios cuya función, dice Bachelard (1998), es la de albergar sueños. Estas imágenes buscan capturar la densidad de un espacio cargado de presencias invisibles que te inspiran, y se vuelven una sustancia espesa que nos recuerda nuestra propia finitud.
Cierta y soñada en cielo y río
El encanto de lo soñado Incansable Peregrino La eternidad no es íaAngus Murillo
Segunda Beca del IV Micromecenazgo de Afogra
Bajo la influencia
A través de derivas fotográficas, protagonizadas por el paisaje marítimo que rodea mi hogar. Fui desarrollando este proyecto a modo de terapia. Lo entendí como un retrato imaginario: un mundo donde la belleza y la crueldad conviven y se influyen mutuamente.
Durante mi etapa universitaria dejé paralizada esa búsqueda que tan solo podía crearse en los bosques que rodean la costa gaditana. Pinares donde los búhos susurran secretos, las palomas construyen sus nidos y las ramas se entrelazan. Las raíces rompen el suelo, los gazapos huyen al temblor de los pasos y los camaleones son espíritus que no se dejan ver. La supervivencia de estos seres y sus sombras se encarnaban en mi. Recordándome y guiándome en el camino. Este lugar esconde secretos y yo quería descubrirlos.
Intentaba huir del paraje urbano y la huella del hombre, cosa que resultaba casi imposible en una atmósfera donde sí una barca era abandonada, la naturaleza lo arrestaba y lo poseía. Descubriendo el chasis y los huesos.
El estudio de las mareas, la exposición a los temporales marítimos, los hallazgos y los rituales cotidianos iban tomando forma de fotografías. Donde el derrumbe y las ruinas se convierten en cobijo. Un hogar donde no existen ventanas y debes de estar alerta, porque se acerca la noche. Y con ella, las noches.
Los caracoles y las salinas se transformaban en familias a la intemperie; las aves yaciendo en el suelo eran intentos y esperanzas que se desvanecen con el paso de los días. Era la supervivencia en un territorio donde lo real y lo imaginado, el cielo y el fango, la noche y el día, componían el retrato íntimo de un lugar tan peculiar como inquietante.
Las flores rezan oraciones al mar, los charcos son espejos hacia otros mundos y la derrota se vuelve realidad. Adentrarse en la noche oscura se convierte en un acto de supervivencia: alcanzar un relato noble desde la fragilidad, desde la desnudez. Aquí la idea de Dios resulta extranjera.
Bajo la influencia del cielo donde un sol se tiñe de negro.
El deseo se convierte en derrumbe y es ahí, donde una casa arde.
Nota del autor:
El desafío de estas fotografías era arrebatarles el protagonismo y centrarse en el proceso. Convertir la naturaleza en resistencia en un mundo marginal e imaginario. La mirada como incendio. Las imágenes movidas, desenfocadas, llenas de grano y oscuridad no son un error. Es un ejercicio de honestidad. Cuando el cuerpo sufre el temor de la supervivencia, la visión no es nítida. Es confusa y oscura. El sentimiento de un animal perdido y herido. La pregunta no es cómo miras, sino desde dónde.
Lucía López Nievas @lucia.lopez.foto
Tercera Beca del IV Micromecenazgo de Afogra
Mitologías domésticas
Mitologías domésticas es un proyecto fotográfico, de carácter analógico, que oscila entre lo público y lo privado, la calle y el hogar, centrándome en la imagen de la mujer y su representación. En esta serie indago en cómo se ha representado en el ámbito escultórico a la mujer y en las formas en que su representación ha sido construida, reproducida y naturalizada dentro de la tradición cultural occidental, en contraposición con la imagen doméstica que tenemos de las mujeres de nuestro entorno.
El proyecto surge a partir de una observación crítica de las esculturas femeninas presentes en el espacio público de la ciudad de Granada y de su puesta en común junto al reconocimiento personal con las mismas. Cuando dirigimos la mirada hacia estas estatuas, cabe preguntarse: ¿son representativas de la realidad? ¿En qué contextos o situaciones aparecen representadas las mujeres? Con frecuencia, estas figuras se configuran desde lo alegórico o lo ornamental, en jardines y cementerios, estableciendo una distancia simbólica que rara vez permite reconocerlas desde la experiencia cotidiana.
Al mismo tiempo, es posible advertir cómo ciertas actitudes y gestos presentes en estas esculturas encuentran eco en comportamientos históricamente asociados a lo femenino, como la vergüenza ante la mirada ajena o la disposición sumisa frente al espectador. Surge entonces otra pregunta inevitable: ¿se trata de un reflejo de la realidad o, más bien, de una forma de enseñanza simbólica que contribuye a modelarla?
A partir de todas estas cuestiones, el proyecto propone un diálogo que invita al espectador a establecer conexiones y a construir narrativas propias entre aquello que reconoce desde su historia personal y aquello que ha incorporado, a veces de manera inconsciente, a partir de su relación con el entorno social y cultural.
Desde esta premisa, intervengo con mi cámara en los espacios propios que atraviesan mi memoria y fotografío el espacio privado del hogar tomando conciencia de las tareas domésticas y las tensiones entre opresión y libertad que atraviesan en estos ámbitos cotidianos. Esta documentación de los lugares en las que las mujeres de mi entorno han crecido y me han educado, me han hecho tomar conciencia sobre la repetición de gestos intergeneracionales, los objetos que viven varias vidas bajo el mismo techo y las formas de habitar un mismo espacio.
En este desplazamiento entre exterior e interior, Mitologías domésticas propone una confrontación entre dos formas de representación: la mujer convertida en símbolo en el espacio público y la mujer vivida y reconocida en la intimidad del hogar. A través de la fotografía, el proyecto establece un diálogo entre estas dos dimensiones, poniendo en tensión los relatos heredados con las realidades que emergen en la esfera privada. Este gesto busca revelar las distancias, contradicciones y resonancias entre aquello que la cultura visual ha decidido fijar en piedra y aquello que reconocemos en la experiencia cotidiana.





Deja tu comentario